15 oct. 2014

Te encontrabas ahí desnuda en medio de la avenida más fría donde decidiste anidar tu piel aquella noche. Tenías las piernas como alfileres blancos cubiertos por cicatrices que te marcaron junto con tu existencia. Estabas ahí con tus senos firmes y jóvenes escondidos bajo un par de mechones largos, muy largos de tu extenso cabello reseco desbocado por la ventisca de la ciudad. Tenías la mirada perdida en un rostro pálido de porcelana mal cuidada. Y ahí de pie, obvia y desabrigada las almas que te rodeaban se desplazaban agitadas por una calle sin sentido ni contradicción, y ellas no te veían porque te negabas a excavar en sus pupilas para ser, para estar, para encontrarte, para conservarte. Te tenía frente a mí perdida como nunca, como siempre y casi lo recuerdo pero los recuerdos se decoloran en mi memoria y yo apenas sé mi nombre ahora que me miraste el interior y reventé. Perdóname mis inquietudes ciervo de corazón inerte, solo quise llevarte con tu clan y marchar hacia el olvido que jamás me concediste.

8 oct. 2014

Pasé un año de mi larga e incansable juventud arrastrando el peso del vivir conmigo. Respiré algo más de 470 días desconectada de mis emociones, mis sentimientos más profundos, mis inquietudes y mis principios más sólidos. Mi cuerpo entonces funcionaba gracias a unos cuántos gramos de impulsividad diarios. Me dejaba llevar por todo lo que la biología estuviera dispuesta a ofrecerme, sin excepciones. Solo me interesaba el contacto físico con los hombres. Las mujeres permanecieron todo este tiempo en segundo plano, mientras que la asexualidad y yo nunca logramos trabajar juntas. Cuando por error una de mis arterias recibió un mensaje no verbal proveniente de la cima de esta montaña, volvieron a fusionarse todos mis cables sueltos. Entonces todo empezó a conectarse en mi interior, y me desperté por fin después de esos 470 y pocos días de sonambulismo consciente. La magia se había roto porque yo la había asesinado. Las historias ya no crecían como los árboles porque no quise permitir que existieran. Contemplé con ojos que ya no parecían míos un paisaje desolador a mis espaldas. Lo más parecido que he visto a un campo de batalla tras la más grande explosión de todas. Un lugar completamente muerto, arruinado hasta las raíces y perdido en un infinito sin farolas. Comprendí que yo había sido la culpable de todo aquello. Tras eso, lo último que recuerdo es que un poderoso deseo de que me rompan el corazón me invadiera por dentro, como abrasándome los pulmones, bajando hasta las costillas. Deseé con tanta fuerza que me hicieran daño de verdad que hasta pude oír el crujir de algunos de mis fragmentos. Pero el amor que yo recordaba era algo puro, un gesto generoso y un sueño amable, así que tiempo más tarde comencé a buscar a alguien que supiera vivir sin filtros. Alguien que destapara los tarros de la cocina sin preguntar, que compartiera paisajes conmigo sin importar el color con el que hayamos amanecido, y encontré soledad. La auténtica soledad de coexistir conmigo misma.

20 oct. 2013

Nunca me sentí del todo mía. Con lo cual, raro es que ahora pretenda ser de otra persona.

Nadie me contó que un día como hoy podría transformarse en una tan bella metáfora. A las 21h05, con la taza ardiendo al borde de mis labios, noto cómo palpita mi órgano más vital en el hueco sucio y abandonado de mi pecho. Tras bañar el sobrecito de té en un mar de dudas, decido tragármelo todo de un tirón, quemándome por dentro. Por poco se me escapa el pedazo de cerámica de las manos del impacto. Sin embargo, aún apretando fuerte los párpados hasta que se me pasa toda sensación de calidez interior, recuerdo de pronto cómo es sentirse totalmente vacía una vez más.

15 ago. 2012

Si buscas magia, si aún dudas, mírame. Atraviesa mis pupilas con tu luz, deslúmbrame la inquietud. Acércate. No temas, por ti mis miedos alejaré. Lejos, donde nunca nadie pueda verlos. Ni siquiera tú, corazón de oro, pedacito de cristal. No te rompas, por favor. Te necesito completo. 

Resucitaré tu latir ausente, lo elevaré arriba y se lo enseñaré a los dioses para que juzguen esa forma de caminar que tienes cuando te vas. Cuando te marchas, sin antes indicarme el camino de vuelta a casa. Te pido la hora, pero siempre respondes las cuatro y tres. Te suplico que te quedes, pero siempre está esa excusa, que habla de tus cardenales enjaulados. Sus corazones marchitos, que con tanta rabia pisoteas cuando te vence el olvido. Busca entre mis recuerdos, atrévete a enfrentar tu propia mirada, y dime cómo se llama aquella muchacha con la que tantas veces soñabas. 

Durmiendo a mi lado, la paz traías a las sábanas de mi camastro. Dibujabas con ceniza el polvo que dejaste acumulado tras la puerta. En forma de ave, de clave de sol. La primera esperanza de la mañana que por la noche se quemaba bajo el sol. Espera, ruiseñor irritado. Te traigo una tirita para calmar tu dolor disimulado.  

19 may. 2012

Son palabras que hieren, bocas que se necesitan. El beso de una mariposa que salió volando tras otros vientos, decidiendo abandonar el corazón que hizo florecer sus alas. Encerrado en el tronco de un árbol, la máquina de los engranajes oxidados busca alcohol que la consuele, de algo que la coloque. Los botellas de madrugada ahogan gritos en las gargantas más cerradas, en los cuerpos más inestables. Nos llamamos entre llantos y lágrimas, ensombrecidos por la desesperación, la añoranza y las preguntas sin respuesta. Perdidos entre la muchedumbre de la gran avenida, nos asalta una duda. ¿Realmente estamos mejor así? 

Siempre necesitados de alguien que nos proteja, y que a la vez nos haga más fuertes. Las debilidades se convierten en virtudes, y las alegrías en alegrías dobles. Seccionamos nuestra vida a trozos, en momentos de más fulgor y distintas intensidades que amplificaron nuestras sonrisas cuarenta grados más. Los vértices, desaparecen. El vértigo, desaparece. El temor, siempre presente. Estamos hechos de la misma materia que compone nuestros órganos pares, para que nunca nos falte, para que nunca me faltes. Para que respiremos el mismo aire que nos atraviesa los pulmones, y nos fulminemos las miradas, derritamos las pupilas y uniformemos todo lo abstracto en un vacío que nos llene. Mis entrañas se ven sucias, y descuidadas. Tu ausencia me marchita las costillas que antes adorabas con tus manos, acariciabas con tus dedos. Las yemas de aquello que parecía eterno. 

No confundo términos, los asocio por la armonía de sus sonidos. Te cuido y me descuido. Hablo y me desoriento. Te hice caer, conociste el abismo de los pozos sin fondos, las penas de los que no lloran, y las alegrías de los que la desconocen. Acepta mi torpe imperfección y mi imagen desaliñada. Ajustaré los límites de mi cabeza a la definición de tus pensamientos. Conoceré tus mundos y tus selvas. Procuraré ser una brújula, una que nos indique la hora en vez del Norte y nos mutile la respiración en una obligación de permanencia. Seré la estabilidad de nuestros deseos, el equilibrio de nuestras metas, la mano que te guíe hacia el futuro que tú elijas. Porque amor, la vida no espera por nosotros, y el tiempo ya se fue. Desperdiciarlo aumenta el vacío que en nosotros se instala, el que a mí me deja sin aire cada mañana cuando compruebo que no estás. Desapareces cuando quieres estar. Admite al menos que no lo podemos evitar. El olvido no es para nosotros.


13 may. 2012

Por fin me atrevo a escribir en este cuaderno de pensamientos abandonados, libres de ser cazados por otros seres más estables. Pretendía guardarlos todos en un cajón hasta que saliera el sol, para que la noche no los desgastara acompañada de mis insomnios, mis pesadillas en directo, y los gritos que mueren ahogados en mi garganta. Sin embargo, son frágiles e hiperactivos. No paran quietos ni un segundo. Me daba miedo que despertaran a algún vecino revoltoso, por lo que me los llevé a dormir conmigo. Dicen que no esperes a que se vaya la luna para escribirme, a que salga el sol para buscarme. Dicen que eres hermoso, valiente, y talentoso, al igual que dicen que la cabeza entiende tus acciones y reacciones, tus actitudes más pasivas, pero que es hora de despertar. Dar un paso hacia delante en lugar de quedarse estancado. Partir de un presente imperfecto para descubrir un futuro maravilloso es de luchadores. Es de conquistadores de sueños, es ir a por misiones rechazadas y desafíos ignorados por la mente, cuando el corazón los reclama a gritos. Cuando les preparé el más dulce de los nidos en mi cabeza me dijeron no está mal, pero falta algo. En su momento creí que se referían al nido, cuando en realidad querían decir mi desordenada cabeza. Le falta la alegría que te llevaste con esa sonrisa que antes se dibujaba tan rápido como hubieras entrado en la habitación. Le falta eso que llaman entidad personal, un valor medido y ajustado a lo que represento para ti. Siento ese agujero al que inmigra el caos de tu mente dentro de mis entrañas como si fuera mío. Desaparece cuando miro al horizonte de las espesas nubes más borrascosas intentando vislumbrar un destello proveniente de tus lejanas pupilas, y para cuando siento otra vez mis pies tocando el suelo, se vuelve a llenar de gélidas ráfagas de viento entumecido. No tengo forma coherente de luchar contra él, porque necesita de dos para cerrar ese portal que quedó abierto a lo desconocido. Pierdo la razón cuando miro el mundo tal y como es. Grotesco e surrealista sin tus manos acariciando los trazos que lo definen, muero como si me quisieran arrastrar hacia el límite de la desesperación. Hasta hoy ando buscando mi milagro personal. El que me sacará de esta miseria de tierras en las que me pierdo con la misma facilidad que se pierde un ave en el cielo nocturno. Coloréame el alma como quieras, mi estado de calma es inestable.